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Estados
Unidos se debate entre la amenaza de la recesión
y la certeza de una intensa desaceleración económica.
Frente a los fundados temores de un nuevo episodio recesivo,
el gobierno estadounidense y la Reserva Federal intentan
reactivar la economía con recortes fiscales a empresas
y contribuyentes, y ajustando a la baja sus tasas de interés.
Este
será un año complejo. Si bien México
dispone de incuestionables fortalezas macroeconómicas
para enfrentar el temporal, debemos reconocer que nuestra
planta industrial no ha logrado fortalecerse. Así
lo indican su bajo ritmo de crecimiento y el desempeño
desigual de sus componentes.
¿Qué
hacer bajo esta circunstancia? Sólo hay un camino:
Impulsar decididamente el mercado interno. Por ello consideramos
que a escala federal, estatal y municipal, es indispensable
la ejecución inmediata de aquellos proyectos de
inversión pública con alto impacto económico
y social.
En
el Plan Nacional de Infraestructura el gobierno Federal
tienen contemplada una inversión en infraestructura
nacional del orden de los 2,532,000 Millones de pesos,
que sin duda serán un amortiguador y un área
de oportunidad para la Industria en México.
No
proponemos ampliaciones presupuestales, sino aprovechar
oportunamente el gasto gubernamental aprobado, para promover
el consumo interno. Las inversiones en infraestructura,
vivienda, servicios públicos, transporte, comunicaciones,
energía, educación y salud, no pueden ni
deben esperar.
Pero
además, es importante privilegiar la proveeduría
nacional reservando una parte de las compras gubernamentales
a las Pymes y garantizando el pago oportuno a proveedores,
así como el apoyo financiero y la asesoría
técnica a las empresas que pueden sustituir competitivamente
bienes o insumos importados. Sólo así protegeremos
el empleo, fortaleceremos la planta productiva y aprovecharemos
la capacidad instalada que hoy permanece ociosa.
El
blindaje macroeconómico permitirá contrarrestar
parte de los efectos procedentes de la economía
estadounidense, pero no será suficiente para atender
los problemas relacionados con la debilidad fabril existente.
En este contexto, vigorizar el mercado interno es un factor
crucial para la economía y la industria. Aprovechemos
los recursos presupuestales disponibles y hagamos de ellos
el más importante motor de nuestro crecimiento.
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No
pudo sostenerse más el frágil equilibrio
prevaleciente en el panorama económico mundial.
Cuando apenas habían transcurrido las tres primeras
semanas del año, la onda expansiva de la crisis
hipotecaria estadounidense le dio un duro golpe.
La
debacle de importantes intermediarios financieros en aquel
país, la certeza de que las pérdidas asociadas
al ajuste de los sectores inmobiliario e hipotecario de
alto riesgo superarán las estimaciones originales
y el temor de que sus efectos arrastrarán a la
economía estadounidense hacia las frías
aguas de la recesión, acabaron con el escaso margen
de maniobra existente.
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El deterioro en la percepción de empresarios, analistas
e inversionistas sobre la situación actual y perspectivas
de la economía estadounidense, instaló el
pesimismo en la escena mundial y creó las condiciones
para lo que vino después.
El
plan estadounidense planteado el 18 de enero y aprobado
a finales de enero para contener el deterioro económico,
no convenció del todo a los inversionistas y el
desplome de los mercados accionarios no se hizo esperar,
tal y como sucedió en las jornadas del 21 y el
22 de enero, obligando a la Reserva Federal a recortar
las tasas de interés antes de lo previsto y en
una magnitud mayor a la esperada.
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Pese
a que la economía estadounidense mantiene el crecimiento,
aunque a un ritmo cada vez menor, en el mundo de las finanzas
se da como un hecho consumado o en vías de serlo,
el arribo de la recesión. Frente a este panorama,
el Fondo Monetario Internacional, FMI, decidió
ajustar a la baja sus proyecciones para la economías
mundial, estadounidense, europea y japonesa, y ha sido
muy preciso al señalar que "Los riesgos para
las perspectivas siguen inclinándose a la baja".
La
transmisión de los efectos hacia otros países,
México incluido, se realizará a través
de menores exportaciones a EUA. En consecuencia, aquellos
países y empresas que no han diversificado sus
mercados externos y dependen en alto grado del consumo
estadounidense, son los más vulnerables frente
a la menor demanda de importaciones en el vecino del norte
y sufrirán en mayor medida el impacto asociado
al cambio en el ambiente para los negocios.
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Nuestra
economía es una de las más integradas a
la estadounidense. En consecuencia, el ciclo económico
de EUA impacta directamente en nuestra balanza comercial,
el turismo, la inversión foránea (productiva
y financiera), el crecimiento de la zona fronteriza norte,
las remesas extranjeras y en parte del sector fabril nacional.
Sin
embargo vemos como una oportunidad el hecho que México
representa aproximadamente un 10% de las Importaciones,
por lo que debemos aprovechar el potencial que existe
y tratar de ganar en la proporción de Importaciones
de aquel país, además del beneficio que
trae el tipo de cambio, en donde el Euro se aprecia así
como otras divisas, resultando el peso mas económico
en consecuencia.
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Industrias
como la automotriz, maquiladora de exportación,
electrónica, textil, del vestido, química
y alimentaria, así como sus proveedores directos
e indirectos (nacionales y extranjeros), estarán
entre los componentes más afectados.
La
zona fronteriza norte, así como las ciudades donde
operan las más importantes exportadoras hacia aquel
país, serán las que resentirán en
mayor grado el descenso en la demanda procedente de EUA.
Observaremos
a lo largo del año, pero con especial intensidad
en el primer semestre, la conjunción de menores
pedidos de manufacturas; menores ingresos por exportaciones
(petroleras y no petroleras respecto a 2007); descenso
en las remesas debido al aumento en el desempleo asociado
al sector construcción; retroceso en los ingresos
por turismo procedente de EUA y seguramente menor inversión
foránea, dependiendo de lo que suceda en el vecino
del norte.
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En tal sentido, hemos ajustado nuestros pronósticos
a la baja, respecto al escenario previsto a principios
de enero. Consideramos que la economía nacional
crecerá 2.8% (seis décimas menos respecto
al pronóstico original) y se ubicará por
debajo del crecimiento reportado en 2007. Esto significa
que en 2008 el ritmo de avance de nuestra economía
será, por segundo año consecutivo, menor
al del periodo inmediato anterior.
La
producción manufacturera también crecerá
a un ritmo menor (1.2%) respecto al estimado originalmente
(1.9%) y en relación con el crecimiento registrado
en 2007 (1.4%), de modo que estamos frente a otro año
complicado para la industria nacional.
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