Boletín Económico CAINTRA / Año 1, Número 2 / Febrero de 2008

 

Estados Unidos se debate entre la amenaza de la recesión y la certeza de una intensa desaceleración económica. Frente a los fundados temores de un nuevo episodio recesivo, el gobierno estadounidense y la Reserva Federal intentan reactivar la economía con recortes fiscales a empresas y contribuyentes, y ajustando a la baja sus tasas de interés.

Este será un año complejo. Si bien México dispone de incuestionables fortalezas macroeconómicas para enfrentar el temporal, debemos reconocer que nuestra planta industrial no ha logrado fortalecerse. Así lo indican su bajo ritmo de crecimiento y el desempeño desigual de sus componentes.

¿Qué hacer bajo esta circunstancia? Sólo hay un camino: Impulsar decididamente el mercado interno. Por ello consideramos que a escala federal, estatal y municipal, es indispensable la ejecución inmediata de aquellos proyectos de inversión pública con alto impacto económico y social.

En el Plan Nacional de Infraestructura el gobierno Federal tienen contemplada una inversión en infraestructura nacional del orden de los 2,532,000 Millones de pesos, que sin duda serán un amortiguador y un área de oportunidad para la Industria en México.

No proponemos ampliaciones presupuestales, sino aprovechar oportunamente el gasto gubernamental aprobado, para promover el consumo interno. Las inversiones en infraestructura, vivienda, servicios públicos, transporte, comunicaciones, energía, educación y salud, no pueden ni deben esperar.

Pero además, es importante privilegiar la proveeduría nacional reservando una parte de las compras gubernamentales a las Pymes y garantizando el pago oportuno a proveedores, así como el apoyo financiero y la asesoría técnica a las empresas que pueden sustituir competitivamente bienes o insumos importados. Sólo así protegeremos el empleo, fortaleceremos la planta productiva y aprovecharemos la capacidad instalada que hoy permanece ociosa.

El blindaje macroeconómico permitirá contrarrestar parte de los efectos procedentes de la economía estadounidense, pero no será suficiente para atender los problemas relacionados con la debilidad fabril existente. En este contexto, vigorizar el mercado interno es un factor crucial para la economía y la industria. Aprovechemos los recursos presupuestales disponibles y hagamos de ellos el más importante motor de nuestro crecimiento.
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No pudo sostenerse más el frágil equilibrio prevaleciente en el panorama económico mundial. Cuando apenas habían transcurrido las tres primeras semanas del año, la onda expansiva de la crisis hipotecaria estadounidense le dio un duro golpe.

La debacle de importantes intermediarios financieros en aquel país, la certeza de que las pérdidas asociadas al ajuste de los sectores inmobiliario e hipotecario de alto riesgo superarán las estimaciones originales y el temor de que sus efectos arrastrarán a la economía estadounidense hacia las frías aguas de la recesión, acabaron con el escaso margen de maniobra existente.
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El deterioro en la percepción de empresarios, analistas e inversionistas sobre la situación actual y perspectivas de la economía estadounidense, instaló el pesimismo en la escena mundial y creó las condiciones para lo que vino después.

El plan estadounidense planteado el 18 de enero y aprobado a finales de enero para contener el deterioro económico, no convenció del todo a los inversionistas y el desplome de los mercados accionarios no se hizo esperar, tal y como sucedió en las jornadas del 21 y el 22 de enero, obligando a la Reserva Federal a recortar las tasas de interés antes de lo previsto y en una magnitud mayor a la esperada.
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Pese a que la economía estadounidense mantiene el crecimiento, aunque a un ritmo cada vez menor, en el mundo de las finanzas se da como un hecho consumado o en vías de serlo, el arribo de la recesión. Frente a este panorama, el Fondo Monetario Internacional, FMI, decidió ajustar a la baja sus proyecciones para la economías mundial, estadounidense, europea y japonesa, y ha sido muy preciso al señalar que "Los riesgos para las perspectivas siguen inclinándose a la baja".

La transmisión de los efectos hacia otros países, México incluido, se realizará a través de menores exportaciones a EUA. En consecuencia, aquellos países y empresas que no han diversificado sus mercados externos y dependen en alto grado del consumo estadounidense, son los más vulnerables frente a la menor demanda de importaciones en el vecino del norte y sufrirán en mayor medida el impacto asociado al cambio en el ambiente para los negocios.
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Nuestra economía es una de las más integradas a la estadounidense. En consecuencia, el ciclo económico de EUA impacta directamente en nuestra balanza comercial, el turismo, la inversión foránea (productiva y financiera), el crecimiento de la zona fronteriza norte, las remesas extranjeras y en parte del sector fabril nacional.

Sin embargo vemos como una oportunidad el hecho que México representa aproximadamente un 10% de las Importaciones, por lo que debemos aprovechar el potencial que existe y tratar de ganar en la proporción de Importaciones de aquel país, además del beneficio que trae el tipo de cambio, en donde el Euro se aprecia así como otras divisas, resultando el peso mas económico en consecuencia.
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Industrias como la automotriz, maquiladora de exportación, electrónica, textil, del vestido, química y alimentaria, así como sus proveedores directos e indirectos (nacionales y extranjeros), estarán entre los componentes más afectados.

La zona fronteriza norte, así como las ciudades donde operan las más importantes exportadoras hacia aquel país, serán las que resentirán en mayor grado el descenso en la demanda procedente de EUA.

Observaremos a lo largo del año, pero con especial intensidad en el primer semestre, la conjunción de menores pedidos de manufacturas; menores ingresos por exportaciones (petroleras y no petroleras respecto a 2007); descenso en las remesas debido al aumento en el desempleo asociado al sector construcción; retroceso en los ingresos por turismo procedente de EUA y seguramente menor inversión foránea, dependiendo de lo que suceda en el vecino del norte.

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En tal sentido, hemos ajustado nuestros pronósticos a la baja, respecto al escenario previsto a principios de enero. Consideramos que la economía nacional crecerá 2.8% (seis décimas menos respecto al pronóstico original) y se ubicará por debajo del crecimiento reportado en 2007. Esto significa que en 2008 el ritmo de avance de nuestra economía será, por segundo año consecutivo, menor al del periodo inmediato anterior.

La producción manufacturera también crecerá a un ritmo menor (1.2%) respecto al estimado originalmente (1.9%) y en relación con el crecimiento registrado en 2007 (1.4%), de modo que estamos frente a otro año complicado para la industria nacional.
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Mayor Información:
Lic. Miguel Lavín Segura
Tel. (81) 8369.0201
miguellavin@caintra.org.mx